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Archivo de la categoría "* MISCELÁNEA"

Sobre el teléfono móvil, máxima estrella social infotecnológica, y el cuatrimotor Moriniano

Sábado, 10 de Julio de 2010

Hoy día, el instrumento más notable de las Tecnologías para la VIda Cotidiana (TVIC), con diferencia, es el teléfono móvil de las últimas generaciones, que, integrado por un espectacular número de funcionalidades diversas, puede operar como un nodo multirreticular (activo en múltiples redes diferentes de la Red Uiversal Digital, incluida Internet), hasta el punto de que, para algunos estudiosos del tema, “desde el punto de vista humano puede considerarse como algo más que una tecnología”.

Los teléfonos móviles, en general, y los cada día más vendidos smartphones en particular, ofrecen, en crecimiento casi exponencial, un repertorio increíble de aplicaciones, funciones o funcionalidades maravillosas, que ya integran en ellos hasta la Realidad Aumentada (RA). Dada la enorme cantidad de funciones integradas en estos aparatos, casi resulta ridículo seguir hablando del teléfono móvil, cuando ya no es sólo el sonido el factor del que se ocupa dicho terminal (´teléfono´viene de ´tele´(distancia) y de ´fono´(sonido)), sino que lo abarca todo. Sería más realista denominarlo teletodo.

Tales instrumentos son el fruto técnico de la acelerada cuarta revolución de la información, es decir, de la digitalizaación informatizada y sus aportaciones a instrumentos para infociudadanos cuya característica primordial es la de una explosiva socialización tecnológica. Constituyen multisistemas hipermultifuncionales escondidos en cacharritos de bolsillo, a  disposición ya, como productos de consumo masivo, de miles de millones de ciudadanos (circunstancia que los hace merecedores del calificativo de “máxima estrella social infotecnológica” y todavía más si multiplicásemos esa cantidad por el número de enlaces que puede generar cada cacharrito), incluidos varios cientos de millones de usuarios de banda ancha móvil, si bien lo cierto es que una mayoría de ese ingente conjunto de usuarios utiliza un porcentaje cuantitativamente pequeño y muchas veces cualitativamente superficial de ese “todo” super-repertorio (o complejísima hipermultifuncionalidad).

Aunque hoy día las sociedades desarrolladas están ligadas de forma crecientemente intensiva a la tecnología, y por tanto sus miembros progresivamente enredados  en ella en proporciones muy distintas según su edad, renta, personalidad, modos de vida, trabajo y aficiones, podríamos preguntarnos el porqué de ese “teletodo” tan recargado, que incluye además funciones y aplicaciones tan sofisticadas, hasta el punto de que la suma de complejidades del instrumento está, en general, muy por encima de la complejidad desplegable por casi todos los usuarios corrientes, e incluso por la mayoría de los técnicos, aunque su uso práctico esté facilitado por potentes interfaces y sistemas operativos. Aplicando a estos dispositivos, que viven ya su cuarta generación, la ley cibernética de la Variedad Requerida (enlácese con la pag. 38 en pdf de este libro sobre Complejidad), podríamos deducir de tanta funcionalidad integrada en ellos cierta inconveniencia, y de paso pensar que tal vez se esté difundiendo como mensaje público tácito la necesidad de convertir al humano usuario tecnológico de estas sociedades desarrolladas en un sujeto educativo perpetuo, dedicado a aprender todas estas funcionalidades a lo largo de su vida, relegando otros conocimientos hasta ahora valorados como esenciales.

Técnicamente, vivimos en el país digital de las “maravillas”  y de ello se hacen eco contínuamente los medios generales de comunicación. Por ejemplo, durante la segunda quincena de junio se han publicado por todas partes datos del iPhone 4, además del detalle comercial de que sólo en 24 horas se pidieron para compra 600.000 unidades, con su espectacular pantalla, su nuevo Face Time, su cámara de 5 megapíxeles, su estructura física más estrecha, un sistema operativo que incluye 1.500 nuevas API (sigla en inglés de Interfaces de Programación de Aplicaciones). También hemos podido leer en el suplemento Crónica, 20 junio 2010, del diario El Mundo, un reportaje sobre los suicidios producidos por explotación laboral en la fábrica-ciudad china Foxconn, donde trabajan 420.000 empleados  para fabricar, entre “otros juguetes tecnológicos”, los iPhone (20.000 unidades diarias), iPod e  iPad. En otro periódico, éste de difusión gratuita, el ADN, se publicó el 23 de junio que “varias compañías lanzan sus ´tablets´ para arrancar cuotas de mercado a Apple”, refiriéndose como ejemplo al iPad, del que, según el periódico, se vendieron tres millones de dispositivos en 80 días. Etc., etc.

La mención del número 4 me trae a la memoria el cuatrimotor Moriniano: “término que pone en conexión las cuatro instancias ciencia-técnica-economía-industria, para designar las fuerzas que propulsan el desarrollo actual del planeta (Edgar Morin, El Método: La humanidad  de la humanidad, Ed. Cátedra, 2003, pag. 240, libro cuyo original en francés se publicó en 2001): “A comienzos del siglo XXI está claro que la tecnociencia ha devenido motora y transformadora. Aún más, la alianza ciencia-técnica se ha ampliado a la industria y la ganancia capitalista: lo que propulsa la marcha de la historia a partir de ahora es el cuatrimotor ciencia-técnica-industria-beneficio”. Leyendo a Morin, puede uno sospechar que los conocimientos involucrados en la invención, diseño y producción de toda esa hipermultifuncionalidad, asombrosos y pruebas indiscutibles de los progresos especializados en ciertos saberes, forman parte, sin saberlo sus protagonistas, de un proceso de influencia social supeditado a una “gestión” cuatrimotorizada regida por otros intereses poco o nada tecnocientíficos, sino más bien económicos y hasta políticos. Gestión no explícita, ni estructurada, pero real, que puede contribuir a generar altos niveles de infotecnocracia. Para aclarar ideas, una cuestión que deberíamos plantearle a Morin, para que nos la explicase, es si las llamadas  corporatocracias antropotécnicas  intervienen de alguna manera o forman parte de los procesos desarrollados por su cuatrimotor.

Después del 4 viene el 5, así que, sin poderlo remediar, ello me lleva a releer mi artículo de 1985 sobre la cultura informática, compuesta por cinco subculturas informáticas, ya que considero que el enorme desarrollo técnico de los terminales móviles se debe a la digitalización informatizada. Por aquel entonces postulé que la quinta subcultura  era la de informática-mito, donde el ordenador, calificado como “cerebro electrónico”, era capaz de las cosas más increíbles para bien o para mal de la humanidad, ya que existían esas dos grandes versiones extremas. Naturalmente, y salvo raras excepciones, esa subcultura era creada y difundida con mayor o menor asiduidad y garra por periodistas, novelistas, directores y guionistas de cine y de TV, autores de ciencia-ficción y ensayistas de las ciencias sociales, que se ocupaban habitual o circunstancialmente de estos temas. La informática y su brazo armado, el ordenador, adquirían así la categoría de mitos que planeaban sobre la mente de muchos humanos. La previsión era que, con el tiempo, la informática-mito desaparecería, a medida que aumentasen los procesos educativos acerca de estas materias técnicas para reforzar las subculturas  positivas y realistas y los ordenadores se convirtieran en instrumentos familiares, gracias a su progresiva socialización, en gran parte debida a la expansión de los ordenadores personales. Ahora me pregunto si esa subcultura no habrá vuelto a resucitar, aunque de una manera diferente e impulsada por un cuatrimotor Moriniano, en el área tecnosocial de los móviles teletodo ”capaces de las cosas más increíbles y maravillosas”.

Para investigar seriamente y analizar críticamente muchas de estas cuestiones sociotécnicas y sus tendencias, además de Morin, nos vendría muy bien contar con un nuevo Iván Illich, porque no debemos olvidarnos de que, como escribió Sherry Turkle en 2002, “las tecnologías no son nunca herramientas neutras, puesto que nos conducen a vernos a nosotros y a ver el mundo de forma diferente”. Por si sirviera de algo nuestra aportación de infoprofesionales a esas investigaciones y análisis sobre el binomio tecnología-sociedad, cada día más importante, ahí está ya el proyecto de fin de carrera de Francisco Rodríguez, becado por la Cátedra Orange, en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Telecomunicación, de la Universidad Politécnica de Madrid, defendido por su autor ante el tribunal correspondiente el pasado 8 de julio y calificado con la nota máxima. Su título: “Estudio sociotécnico de las comunicaciones móviles: Taxonomía de la complejidad del móvil y análisis de su impacto en la sociedad en red”.

Hay blogueros y blogiarios. Un ejemplo, relacionado con mi concepto de “noomorfosis digital”

Domingo, 2 de Mayo de 2010

El pasado 28 de abril recibí por correo electrónico el siguiente mensaje de Google: Alerta web de Google para: noomorfosis digital: NOOMORFOSIS DIGITAL, LA NUEVA INTELIGENCIA DE LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO, enlace que correspondía a un post de un tal Juandon, publicado el día anterior.

Dado que me interesa todo lo que se diga o escriba referido al concepto de noomorfosis digital, concepto y término que desarrollé, propuse y publiqué el 23 de agosto de 2006 como post invitado en el blog de mi amigo el bloguero ingeniero Fumero, entré en ese post del que me alertaba Google y nada más empezar a leerlo me quedé alucinado. Para explicar brevemente la causa de mi sorpresa  transcribo a continuación un párrafo del post (las comillas las pongo yo ahora): “Revolviendo en mi propia hemeroteca de autor, observo que en 1992, cuando llamaba compujuegos a los computer games, mi opinión era la siguiente: una relación sostenida y no enfermiza con los compujuegos produce dos tipos de beneficios: a) divertirse, y b) entrenarse intelectualmente, con el objetivo de aumentar varias de las capacidades que nuestra inteligencia poliédrica necesita desplegar para vivir en un mundo cambiante”.

¿Cual ha sido la causa de mi sorpresa? Que este párrafo sin entrecomillar y prácticamente todo el texto del post, incluyendo los enlaces, donde el bloguero Juandon aparece como autor, es una copia literal (y cualquiera lo puede comprobar) de mi citado post, publicado pronto hará 4 años. Mi artículo tenía 12 enlaces y éste (algo más corto que el mío) 7 enlaces, y todos ellos menos uno, que conducía a un artículo del Sunday Times, llevaban a diversos artículos míos, empleados para articular argumentos y contextos con los que construir mi concepto de noomorfosis digital. El post de Juandon no cita en ningún momento mi nombre ni facilita enlace a mi post publicado en el blog de Fumero, por lo que cualquier lector de su post pensará que el texto es obra suya, como la “hemeroteca de autor” y sus observaciones y opiniones expuestas en el párrafo transcrito y en todos los demás. Cabría la posibilidad de que hubiera pretendido utilizar literalmente mi trabajo (algo permitido siempre que se reconozca la autoría) para exponer razonamientos propios y diferentes a los míos con los cuales mostrar la relación del concepto de noomorfosis digital con la sociedad del conocimiento, como se desprendería de su título, pero de eso no hay nada. Por tanto, creo que la única conclusión posible es que estamos ante un plagio. Aunque este post que copia el original mío  es más corto, existe otro post publicado un año antes por el mismo bloguero que, como podrá comprobar cualquier lector interesado y meticuloso, es prácticamente  una copia total de mi post de 2006, aunque en este caso no puso en el título el término “noomorfosis digital” y tampoco se refería en ninguna parte a mi hipertexto (post) de 2006. El lector que quiera comprobar que los contenidos de los 2 posts de Juandon citados constituyen un plagio puede pinchar aquí y aquí, donde encontrará sendas copias de dichos contenidos obtenida  hoy, día 2 de mayo de 2010.

Según el diccionario de la R.A.E. plagiar es “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias” y plagiario/a es la persona que plagia. Dado que estamos hablando de plagiar en un blog, quizá deberíamos emplear el término “blogiario” para designar al bloguero que plagia, como es el caso actual. Debido a que he sido plagiado en varias ocasiones y teniendo en cuenta que la infotecnología digital, con sus funciones de Copiar y Pegar facilita enormemente el plagio, esta operación, desprovista de principios éticos, me ha conducido a reaccionar escribiendo textos en revistas de papel y en mi blog, donde la he presentado irónicamente como  un ejemplo de tecnología “productiva” , puesto que con unos movimientos del dedo y del ratón hay quien se ahorra el trabajo de pensar y redactar textos y el esfuerzo creativo de verdad. El blogiario Juandon no se ha tenido que molestar ni siquiera en buscar otros artículos (por ejemplo, uno en agosto de 2008 en mi blog, titulado Noomorfosis: nace la Inteligencia Digital , que justamente trata de lo que sugiere el título de su plagio-post del 27 de abril) , capítulos de libros, o resultados complementarios publicados, como por ejemplo que Internet modifica el cerebro, o que, como titulé un artículo publicado en la revista EL Cultural, también nuestra mente se adapta al Nuevo Entorno Tecnosocial; en resumen, no hay que considerar sólo los procesos de noomorfosis, sino también los de noometamorfosis digital.

La página web del blog del plagio tiene un apartado de “propuesta” organizativa o de estilo, llamado Friendfeed que tengo que investigar a ver qué significa exactamente, por si tuviera alguna relación con el presente caso que acabo de exponer. Ahí se dice que “Friendfeed es la forma más sencilla de compartir en Internet. Friendfeed te permite descubrir e intercambiar opiniones sobre el material interesante que tus amigos encuentran en la red”. Por mi parte, puedo decir que me gustaría que de los 158.000 blogueros que parece que hay en España, según oí en una emisora de radio ayer, el porcentaje de blogiarios (que tal vez comparten, pero copiando) sea pequeño. Los blogiarios producen hipertextos internéticos que no respetan elementales principios éticos.

¿Vivimos ya en un mundo digital?

Miércoles, 3 de Marzo de 2010

(Nota: este texto es una sección de mi “Ensayo sobre cultura y tecnología en el marco del Nuevo Entorno Tecnosocial”, aún no  publicado)

Hay autores que ya dan por hecho que vivimos en un mundo digital, pero es obvio que nuestra vida cada vez más tecnificada, y no sólo por la tecnología digital, aunque sea la que está más en nuestras manos, sigue activa en un mundo físico, dentro de los entornos que Echeverría, con perspectiva evolucionista, denominaba E1 y E2. (Un ejemplo de esta vivencia en un mundo físico lo tenemos en el bloqueo del espacio para viajes aéreos en media Europa con un brutal impacto socioeconómico provocado en abril de 2010 por nubes de ceniza debidas a un volcán de Islandia, mientras sigue el auge de las nubes de informática en el ámbito de la infotecnología). Lo que procede es aprender a equilibrar nuestras acciones y relaciones en un ámbito híbrido de entornos, asumiendo que es evidente  e inevitable que se está produciendo un proceso acelerado de impregnación infotecnológica de nuestras vidas, en la que la grande y creciente complejidad de la tecnología y la todavía mayor complejidad de las relaciones humanas con ella requieren respuestas muy pensadas de índole tecnocultural, que no se están dando. Aún peor, para las que ni siquiera existe un mínimo de sensibilidad y de demanda social. Como he afirmado anteriormente, pienso que una amplia mayoría de los humanos de sociedades económicamente desarrolladas no está preparada para usar con criterio ni eficacia la descomunal funcionalidad de la tecnología que pasa por nuestras manos, ni para comprender el Nuevo Entorno Tecnosocial y mucho menos para gestionarlo convenientemente y extraer lo mejor de sus extraordinarias oportunidades informativas, de comunicación, artísticas, científicas, de entretenimiento, sanitarias y operativas de múltiples clases. De todo eso trata la segunda parte de este ensayo, cuyo objetivo teórico es el de proponer unas bases conceptuales para pasar a la acción en ese sentido.

Ya en 1999, en un artículo titulado La conexión ciberespacial, me permití reseñar que, “para mí, la Era Digital sólo representa una frontera técnica. Que con ella sobrevenga la sociedad digital (entonces no me referí al mundo digital), o el Homo Digitalis, como algunos dicen, es una cuestión de adaptación social, cultural y antropológica, y es seguro que esa evolución será más lenta, compleja y tal vez dolorosa que la de la tecnología. La velocidad electróncia ha abolido la distancia física, pero no la distancia cultural”.

En un reciente artículo me he permitido aclarar el concepto anteriormente citado de digitalidad social , que algunos parecen confundir con la idea de que vivimos o viviremos plenamente en un mundo digital. La digitalización social debe entenderse como el proceso de interiorización personal y de coherencia social de las funcionalidades y efectos múltiples, directos, secundarios y hasta ocultos de esta tecnología. Su socialización, cuyo resultado es la Sociedad de la Información, es un factor engañoso de progreso, si no está dirigido por una cultura madura de la tecnología, a la que estamos aquí denominando socioinfotecnocultura y que representa un objetivo educativo por el que luchar. Si hablásemos de digitalidad mental, eso tampoco significaría que nuestro cerebro hubiera adquirido una estructura de sistema digital, sino que sus redes neuronales se han adaptado a operar en una forma coherente con la funcionalidad lógica característica de los instrumentos informáticos.

Al respecto de la mención a esta “cultura madura de la tecnología” recordemos algunos conceptos para reforzar las próximas propuestas. En primer lugar, la tecnología, en general, es la obra maestra de la Humanidad, pero no todos sus desarrollos son beneficiosos y los que potencialmente pueden serlo, como es el caso de la infotecnología, lo son o no lo son, o lo son en mayor o menor medida dependiendo de su uso, algo que, dada su complejidad, encierra todas las  posibilidades. Inventar tecnología no es algo precisamente fácil, pero aplicarla sensatamente para mejorar el bienestar de los humanos, sin menoscabo de su dignidad ni deterioro de su entorno, resulta infinitamente más complicado (véase capítulo sobre Complejidad en mi libro “Más allá de Internet: la Red Universal Digital”).

En una nota de este ensayo se dijo que la infotecnología puede verse en cierta forma como análoga a los fármacos, a fin de cuentas productos tecnocientíficos, elaborados “para prevenir, curar o aliviar enfermedades y para corregir o reparar las secuelas de éstas” (DRAE), pero potencialmente generadores de posibles efectos secundarios patológicos en determinadas circunstancias. Conviene matizar que tal metáfora como analogía es una tanto simplista, porque la gran diferencia entre un fármaco y un artefacto o aplicación infotecnológica reside en que  el medicamento es de aplicación sobre el organismo del propio individuo usuario, mientras que los infoinstrumentos (refiriéndonos no sólo a la infotecnología en general y no sólo a las TVIC) con casi siempre sociales e individuales, y muchos de ellos , por sus objetivos y aplicación, más sociales que individuales (aunque con impacto individual), como se desprende del histórico proceso coevolutivo humanidad-tecnología. De ahí la necesidad, anteiormente expuesta, de promover en los ciudadanos una actitud en principio favorable a los progresos infotecnológicos, pero encauzada por una mentalidad “abierta, positiva, crítica, activa y responsable”.

Y, por supuesto, y ésta es la tesis final de este ensayo, desarrollar educativamente los conocimientos y modelos socioinfotecnoculturales para nutrir esa actitud y orientar con la mayor profundidad posible a los infoprofesionales y en un grado razonable a los infociudadanos hacia usos positivos desde puntos de vista humanos y sociales.

Algunos ejemplos de la imparable Digitalización Informatizada

Miércoles, 23 de Diciembre de 2009

Ahora, cuando estamos en la que considero primera fase de la auténtica era digital, vivimos una cuarta etapa revolucionaria de la información , consistente en la digitalización informatizada de la infotecnología, cuyos increíbles resultados funcionales se integran sin parar en las Tecnologías para la VIda Cotidiana . Al escribir un artículo sobre mi visión acerca de la Sociedad del Conocimiento, se me ocurrió recopilar algunos ejemplos actuales derivados de esa digitalización, para insertarlos en el texto a fin de ilustrar mis reflexiones. Para ello, me ceñí a ejemplos tomados de noticias y reportajes publicados durante las semanas anteriores en medios de prensa generalistas, en algunos de sus suplementos o en diversos boletines internéticos accesibes a todo el mundo, entre ellos Tendencias21. Finalmente, dada la extensión del artículo, caigo en que esta galería de ejemplos que transcribo a continuación no tendría espacio en su formato de papel y decido colocarla en este post:

* El móvil se convierte en el mejor aliado de las redes sociales, mediante nuevos terminales dotados con sistema operativo, software de aplicaciones ad hoc, interfaces (pantalla táctil incluida) y dispositivos para una conexión permanente y automática con las redes sociales.

* Las ventas de móviles siguen creciendo, con los teléfonos inteligentes (smartphones, o supermóviles, como dicen algunos), de los que, según Gartner, se vendieron 41 millones de ejemplares en el tercer trimestre de 2008, aportando el crecimiento más rápido. De acuerdo con estimaciones de la consultora ABI Research, en 2014 se lanzarán al mercado 330 millones de unidades de estos teléfonos. (Nota interesante, en la hipótesis de que pocos usuarios serán conscientes de los peligros potenciales de estos dispositivos: la revista Businessweek, en su número de 17/11/2009, advierte del aumento de su vulnerabilidad antes los “mismos ataques que han sufrido desde siempre los ordenadores a través de la web o del correo electrónico”). ¿Más ideas sobre el concepto de vulnerabilidad? .

* Extracto de anuncio de un televisor inteligente: “La inteligencia siempre se ha considerado una facultad humana, hasta ahora en que también puede ser una facultad tecnológica. Llega la inteligencia (software exclusivo) aplicada a la tecnología (…) Las máquinas no deben esperar órdenes, deben anticiparse a los deseos de las personas con unas aplicaciones, tales como crear y añadir imágenes, compartir información entre equipos sin necesidad de cables, que garantizan un uso fácil e intuitivo (se acabaron los menús difíciles de entender, de todo lo complejo se encarga la máquina)”

* Bajo el título “El móvil se ´come´al PC”, un artículo en un periódico de información general explicó el 22 de noviembre de 2009 que “el mundo informático y el de la telefonía móvil llevan tiempo inmersos en un proceso de convergencia, que ha impulsado la llegada al mercado de teléfonos diseñados por fabricantes de ordenadores y viceversa (aquí se cita el caso de un famoso fabricante de móviles que ha lanzado recientemente un minicomputador portátil incorporando en él algunas características típicas de los teléfonos celulares)”

* España ha expedido ya 13 millones de DNI electrónicos, que facilitarán las relaciones ente ciudadanos, empresas y administraciones públicas, “realizando trámites y gestiones a través de Internet de forma segura, cómoda y ágil”

* La industria de contenidos digitales ha crecido 15,8 % en 2008. En California, el gobernador Arnold Schwarzenegger ha anunciado una iniciativa para sustituir algunos libros de matemáticas y ciencias en los institutos por versiones digitales gratuitas de fuente abierta, con lo que esperan ahorrar cientos de millones de dólares al año. “En cinco años, creo que la mayoría de estudiantes utilizarán libros de texto digitales”, opina el director de las escuelas Orange County de California. La utilización de estos textos digitalizados requiere disponer de un ordenador, de un lector de libros electrónicos (que están aumentando sus ventas) o de un teléfono móvil de gama smartphone.

* Nuevas impresoras: No necesitan ordenador, pueden imprimir sin necesidad de cables (bluetooth), desde una cámara fotográfica o de un teléfono móvil, navegar por Internet para imprimir fotos o documentos desde servidores web con conexiones inal´qmbricas WiFi. Utilizan pantalla táctil como interfaz con el usuario.

* Aplicación de la telefonía móvil para detectar, mediante una conversación telefónica, el estado de ánimo del interlocutor: “Investigadores del MIT están desarrollando un software de algoritmos que permitirá analizar los aspectos más sutiles de la voz (tono, longitud y frecuencia de las pausas en el habla, velocidad), para establecer si cualquier persona se siente rara, ansiosa o deprimida”

* El Centro de Investigación en Nanociencia y Nanotecnología de Bellaterra (Barcelona) y la Universidad de Vigo desarrollan y patentan un método experimental capaz de detectar células tumorales en 2 minutos, mediante unos biosensores basados en anticuerpos modificados con nanopartículas de oro, dotados de capacidad para reconocer unas determinadas proteínas en la superficie de las células tumorales. Sus autores esperan que, para aplicarlo, se pueda disponer a medio plazo de un sistema compacto, fácil de usar y del tamaño de un teléfono móvil.

* Nueva aplicación para que teléfonos móviles con el sistema Android puedan hacer búsquedas de información por Internet acerca de un lugar, una pieza artística o un monumento, simplemente desde una imagen tomada con su cámara, sin utilizar palabra alguna.

Texticulario: una posible nueva herramienta educativa

Viernes, 6 de Noviembre de 2009

Cuando uno se dedica a estudiar con interés algún tema expuesto en libros o artículos diversos, si éstos están en soporte de papel, el estudioso subraya párrafos, señala figuras o esquemas, escribe comentarios aprovechando los espacios en blanco, etcétera, de tal forma que va resaltando los aspectos que considera más importantes o significativos para analizarlos más a fondo, para recordarlos, o sencillamente para recortarlos y así facilitar el repaso posterior del libro en cuestión. Entre los elementos señalados se incluyen normalmente referencias que cita el autor a textos de otros, que, con fines de profundización o ampliación de conceptos o de datos, serán objeto del mismo tratamiento una vez localizados o adquiridos.

Ahora pongámonos en el supuesto de que el lector estudioso sea un profesor o conferenciante, que algún día tenga que explicar con fines didácticos estos temas, u otros relacionados, o que se proponga escribir algún artículo, libro o informe sobre asuntos relacionados con los temas señalados. La selección cuidadosa que hizo en sus lecturas, que a fin de cuentas recoge los aspectos más sobresalientes del tema de la exposición o enseñanza y quizá algunas claves para facilitar su comprensión, puede ser de gran utilidad para, una vez copiados -por supuesto citando siempre a sus autores- en otros documentos, facilitárselos a los alumnos o participantes, complementándolos con comentarios hablados y debates presenciales u “online”, según la circunstancias. Tras estas sesiones de enseñanza o de conferencia didáctica, es conveniente pedir a los alumnos que, para asimilar los extractos de textos y los correspondientes conceptos involucrados, amplíen su lectura siguiendo las textos originales completos o partes suficientemente extensas y que resuelvan determinados supuestos o ejercicios.

Esta extracción de textos sobre diversos temas complejos es algo que vengo haciendo desde hace algún tiempo, estudiando lo que escriben distintos autores, y que recojo en documentos de uso personal para un uso futuro, bien para sintetizar las principales ideas, bien con finalidades educativas. A tales documentos los estoy llamando texticularios y así es como denominé en público a una selección sobre redes que empleé en una conferencia del curso sobre Ciencia de las Redes y Contexto el pasado día 2 de noviembre.

El término “texticulario” produjo algunas risas entre los asistentes cuando aclaré que se escribía con x, no con s. Posteriormente, he buscado con Google, para comprobar si era una palabra nueva, y me he encontrado, entre otras, con texticulario andaluz. Pero yo tengo mi propia definición:

La palabra ´muestrario´significa “colección de muestras de mercaderías”. Por tanto, una colección de textos breves (extractos) tomados de libros o artículos, sería un texticulario. Una porción estrecha, corta o pequeña, de un texto podría llamarse textículo (con x), lo mismo que fascículo, término proveniente del latín, significa hacecillo, diminutivo de fascis o fasces (haz, en latín). ¿Qué es una muestra: según el diccionario de la R.A.E.?: “parte o porción extraída de un conjunto, por métodos que permiten considerarla como representativa del mismo”.

Siguiendo el artículo 32 del Texto Refundido de la Ley de Propiedad Intelectual, aprobado el 12 de abril de 1996, la creación de texticularios con la finalidad aquí expuesta es algo legal: “”Es lícita la inclusión en una obra propia de fragmentos de otras ajenas de naturaleza escrita, sonora o audiovisual, así como la de obras aisladas de carácter plástico o fotográfico figurativo, siempre que se trate de obras ya divulgadas y su inclusión se realice a título de cita o para su análisis, comentario o juiciio crítico. Tal  utilización sólo podrá realizarse con fines docentes o de investigación, en la medida justificada por el fin de esa incorporación e indicando la fuente y el nombre del autor de la obra utilizada”. Con el mismo objetivo didáctico y similar estructura de lo que aquí estoy denominando texticulario, aunque con otro nombre, puedo citar el caso del libro El vuelo de la inteligencia, cuyo autor, el famoso filósofo, pedagogo y escritor José Antonio Marina dedica las últimas 50 páginas de su libro a lo que él llama “Antología de textos, a modo de bibliografía”.

Para terminar, véase a continuación un ejemplo de textículo, extraído de un artículo de varias páginas, con el objeto de ilustrar, junto con otros 20 textículos más, mi conferencia en el curso sobre REDES arriba citado:

Angela Delgado y Diego Rasskin-Gutman, Redes, el principio vital, en el libro Banquete_Nodos y Redes, Seacex & Turner, 2009, pp. 79-84: “las redes procuran identidad a las partes del sistema. Nos construimos, la vida se construye, se organiza y se selecciona a partir de los ritmos de sus relaciones (…) Pero las redes no son materia organizada, no son nada más que una pulsación, un mensaje, diferentes potenciales de energía, bits de información, una serie de funciones, son las luces y sombras que rítmicamente dibujan las diversas rutas en el espacio y en el tiempo que tiene y puede seguir un sistema. Sí, forman parte del sistema vital, pero ¿habría infinitas redes si los patrones o la materia no las limitasen? Las redes quedan secuestradas entre los patrones materiales de las formas naturales, aquellos patrones que se han reconocido como las partes afines de un sistema. Las redes sociales y nuestras creencias quedan secuestradas por el modo en que se organizan los individuos de una sociedad o por el modo en el que definimos qué es una individualidad.”

La informática nubosa se incorpora a la galaxia de lo inmaterial

Lunes, 26 de Octubre de 2009

Por diversos motivos, observar el desarrollo y expansión del soft computing y del cloud computing ha provocado en mis decadentes redes neuronales una activación inesperada de interconexiones conceptuales, que intentaré resumir en este blog, que por algo es misceláneo.

Entre otras impresiones, extrae de mi memoria la propuesta, tantas veces utilizada por mí, de las tres revoluciones de la información debida a Herbert Simon, uno de los padres de la Inteligencia Artificial, psicólogo, además de premio Nobel de Economía: 1) El lenguaje escrito (cuarto milenio antes de Cristo); 2) El libro impreso (mediados del siglo XV), que dio lugar a la galaxia Gutenberg; y c) Las tecnologías de la información (iniciadas básicamente en el siglo XIX), revolución generadora de la que podemos llamar galaxia de lo inmaterial. Siguiendo este modelo simoniano de eras revolucionarias, un servidor se ha permitido sugerir que procesos técnicos de cambio vertiginosamente exponencial han dado lugar a una cuarta etapa revolucionaria , generada por el progreso de la anterior, de consecuencias que no somos capaces de comprender del todo. Esta incapacidad ya la resaltaba en mis escritos de hace tiempo, cuando subrayaba la desproporción entre “el ritmo sobreacelerado de la tecnología en general frente a los cambios mucho más lentos de nuestra evolución biológica, cultural y social”. Este tremendo ritmo y poder funcional de la infotecnología, compuesta internamente por una complejidad en aumento, en gran parte inasequible para los infociudadanos, potencia la infotecnocracia del Nuevo Entorno Tecnosocial en el que vivimos.

La galaxia Gutenberg -es decir, los libros y documentos de papel- está todavía ahí, pero la intensa digitalización debida a esta cuarta revolución la está haciendo desaparecer. Véase, si no, cómo se está programando el que las aulas y los libros de texto se digitalicen, es decir, que pasen a la galaxia de lo inmaterial. Y eso no es todo, las Humanidades Digitales empiezan a ocupar un territorio educativo y cultural, como muestra este manifiesto de la Universidad UCLA.

Precisamente, por estos días, con motivo de la celebración de los 40 años de los inicios de Internet, Leonard Kleinrock, quien el 2 de septiembre de 1969  fue capaz de conectar dos ordenadores en red y hacer transferencia de ficheros entre estas terminales y por tanto es precursor de Internet, empezando primero por la fase de Arpanet, manifestó su permanente estupefacción acerca de las múltiples aplicaciones internéticas, de las transformaciones sociales producidas por Internet y de su inmenso éxito, entonces y todavía inimaginables para él. Aplicaciones y cambios que, a mi entender, pertenecen al área de la cuarta revolución de la información, como también el soft computing y el cloud computing, en principio.

Estas consideraciones, tanto las de Leonard como las propias, me han llevado a otra interconexión conceptual, en este caso, con las propuestas de Bauman de una vida y sociedad líquidas. Transcribo: “El sociólogo Zygmunt Bauman es el autor del concepto «modernidad líquida» para definir el estado fluido y volátil de la actual sociedad, sin valores demasiado sólidos, en la que la incertidumbre por la vertiginosa rapidez de los cambios ha debilitado los vínculos humanos. Lo que antes eran nexos potentes ahora se han convertido en lazos provisionales y frágiles”.

Adjetivos como ´fluido´ y ´volátil´ me recuerdan a ´líquido´, ´blando´ y ´nuboso´, siendo los dos últimos las traducciones fáciles de soft (soft computing) y de cloud (cloud computing). A ver si toda esta avanzada tecnología va a darle la razón a Z. Bauman y en este mundo complejo e incierto en lugar de avanzar hacia una Sociedad del Conocimiento más bien tendamos a construir una sociedad líquida. No puede negarse: pese al significado literal de estos adjetivos, el progreso tecnológico actual impulsa cambios sociales revestidos de complejidad pura y dura.

Martin Cooper: Hipermultifuncionalidad vs. Convivencialidad

Lunes, 7 de Septiembre de 2009

Entrevistado hace unos días (diario ABC, 5/9/2009), Martin Cooper, considerado el padre de la telefonía móvil, dijo cosas como éstas: “El problema hoy es que la tecnología no se corresponde con las necesidades de la gente”. A propósito de los smart phones: “Si quieres hacer un dispositivo universal que haga todo para todos, no hará ninguna cosa bien. En el futuro llevaremos distintos dispositivos, muy aptos cada uno y con un objetivo determinado”. Más adelante: “lo que no me gusta son las cosas complicadas. Si sólo necesitas hablar te sobra la cámara. Las compañías deberían hacer aparatos intuitivos. Deberíamos tener móviles diseñados en función de nuestras necesidades”.

Sus palabras me han recordado mis frecuentes reflexiones y textos en artículos y libros sobre el concepto de complejidad instrumental de la tecnología, que crece siempre, además de por otros factores, cuando ésta se dota de múltiples funciones, y su impacto negativo sobre lo que siempre he denominado “convivencialidad” (siguiendo el término del extraordinario pensador crítico ya fallecido Iván Illich, quien escribió: “una herramienta es convivencial en la medida en que cada uno puede utilizarla sin dificultad, tan frecuente o raramente como desee, para los fines que él mismo determine”). Si las palabras de Cooper expresan realmente lo que piensa una persona pionera de la telefonía -en 1973 realizó la primera llamada inalámbrica de la historia-, todavía activa en el mundo de la tecnología con su empresa de antenas inteligentes, a mí me sirve para reforzar mi idea de que compaginar la dotación de funcionalidad instrumental con la convivencialidad del instrumento es algo esencial, como lo demuestra un eslogan que publiqué en el capítulo 3 de mi libro de 1987 Computadores personales: Hacia un mundo de máquinas informáticas: “Contra complejidad, convivencialidad”. (Una curiosidad histórica que acabo de descubrir al redactar este post: el libro de I. Illich en inglés Tools for Conviviality se publicó precisamente en 1973).

Sobre el concepto que denomino hipermultifuncionalidad en el Nuevo Entorno Tecnosocial en el que vivimos podría transcribir varios textos míos, pero bastará con unas pocas líneas, recogidas de mi artículo de colaboración en el libro Web 2.o, de 2007: “Del efecto combinado de la interacción desequilibrada entre la complejidad creciente de la tecnología y la habitualmente escasa preparación del usuario medio se deriva esa forma moderna de “esclavitud” del humano respecto de la tecnología que han señalado Illich, Marinoff y muchos otros”. (…) “la hipermultifuncionalidad instrumental potencialmente disponible acaba resultando superflua cuando es subexplotada por el usuario, tiende entonces a convertirse en hipofuncionalidad y queda inédita, invisible”.

A propósito de la mención de “esclavitud” convendría preguntarse de paso si ese dominio de la infotecnología basado en su complejidad no es precisamente una manifestación clara de lo que en este blog denominé hace unos meses Infotecnocracia. Pero, para terminar, anotaré una conexión conceptual entre la respuesta de Cooper relativa a los dispositivos muy aptos y dotados de un objetivo funcional determinado de acuerdo con las necesidades del usuario y la noción de infoimplementos (en inglés, information appliances) de Donald Norman, que utilicé ampliamente en mi libro Más allá de Internet: la Red Universal Digital (véase pág. 171): “Donald Norman ha expuesto perfectamente qué son y qué significan los infoimplementos en un libro muy elocuente de 1998 titulado The Invisible Computer, aunque no menos expresivo es su largo subtítulo (en español ¿Por qué los buenos productos pueden fallar, el computador personal es tan complejo y los infoimplementos son la solución?). Un infoimplemento -dice- es un utensilio diseñado para una aplicación concreta y posee sus propios circuitos informáticos cortados a la medida de la tarea, de tal manera que aprender a usarlo es lo mismo que aprender la tarea”.

TICcionario

Martes, 23 de Junio de 2009

Tengo una cierta costumbre, muy arraigada, de prestar atención al uso de las palabras y hasta de inventar bastantes (o por lo menos creer que las invento), hábito tan arraigado que hasta podría calificarse de manía, pero en ningún caso de tic (nervioso), porque no me veo afectado por un “movimiento convulsivo producido por la contracción involuntaria de uno o varios músculos” (ver DRAE). 

Igual que ocurre con DRAE, que es la sigla que permite referirse sólo con 4 letras al “Diccionario de la Real Academia Española” (6 palabras), ocurre con otras siglas, como ésa que no me gusta, TIC, que resume en 3 letras la expresión de 7 palabras “Tecnologías de la Información y las Comunicaciones”. Mi rechazo a la sigla TIC viene de que no era necesaria, mucho ciudadanos no saben lo que significa, y hasta en diferentes contextos -incluso algunos muy habituales- puede significar cosas distintas, que por lo menos se prestan a tomarla a broma. El uso de siglas sólo es indispensable cuando no es posible expresar algo en una o dos palabras, y eso, como he explicado en numerosas ocasiones, no ocurre en este caso. Todas estas tecnologías que ni siquiera se expresan bien con las 7 palabras ocultas en la sigla TIC podían haberse resumido en una sola, Infotecnologías, que comprende a todas las tecnologias que tienen que ver con la información. Ya en su día, durante 1995-1996, irritado por el uso habiual de la expresión  “Autopistas de la Información” sugerí y empecé a usar el término Inforpistas, tema al que dediqué un buen número de columnas, posteriormente reproducidas en un librito.

Las siglas tienen su misión, especialmente si expresan un significado indiscutible o conocido de todo el mundo, como PIB, IPC o ICV, y si se usan coherentemente. PIB se pronuncia “peibé”, aunque algunos, con la crisis económica, empiezan a decir “pib” porque ahora es término que se usa todos los días. En cambio, TIC sólo se dice “tic”, no “teicé”, por lo que parece la onomatopeya de un sonido de reloj o de las características de un comportamiento nervioso, algo poco serio para lo que se quiere representar con la sigla. 

Lo del significado indiscutible siempre es relativo. Por ejemplo, yo creía que ICV significaba Índice de Calidad de Vida, pero la Wikipedia acaba de mostrarme que también puede significar Iniciativa per Catalunya Verds, Iniciativa Ciudadana Vasca, Instituto Cartográfico Valenciano o Instituto de Cerámica y Vidrio. En cuanto a la coherencia en el uso, tengo un reciente ejemplo de lo contrario: AETIC parece que algunas veces significa “Asociación de Empresas de Electrónica, Tecnologías de la Información y Telecomunicaciones de España”  Conclusión: hay veces que C significa Telecomunicaciones, no Comunicaciones. Por lo demás, AETIC tiene una fundación, cuya sigla es FTI (Fundación Tecnologías de la Información), en la que ha desaparecido la C de Comunicaciones. También está ASTIC, sigla que designa a la ASociación profesional del cuerpo superior de sistemas y Tecnologías de la Información, en cuyo nombre completo no aparece por ningún lado la C de Comunicaciones. Claro que la C podría asimismo utilizarse para Carretera, como ocurre con otra ASTIC: ASociación del Transporte Internacional por Carretera.

Por todo lo dicho, a los que nos gustan las palabras y su uso correcto o eficaz, nos parece que, ya que no suelen tomarse en consideración nuestras propuestas, nos queda, como dije hace dos meses en una conferencia, “el juego con las palabras, inventadas o maquilladas sin más intención que divertirse, caricaturizar y en algunos casos para llamar la atención o dotar de una relevancia verbal a algún concepto o situación de tu entorno profesional”. En esta línea se mueve un amigo que con ingenio e ironía ha propuesto el término infoTICnologías, que sería utilísimo para usarlo en cualquier texto en el que su redactor, después de haber utilizado en el título y quizá hasta en varias ocasiones la famosa sigla TIC, desarrolle varios razonamientos empleando la palabra ´tecnologías´, sin aclarar si en ese momento se refiere precisamente a las TIC (o sea, a las infotecnologías), o a qué, ya que si el razonamiento es general podría estar refiriéndose a tecnologías de los materiales, de la energía o a cualquiera otras. Pues bien, para evitar confusiones, podría emplear el término infoTICnologías o incluso sólo TICnologías.

Siguiendo con esta línea de bromear con las palabras que nos disgustan, se me ocurrió hace pocos días la palabra que titula este post, pero ahora ya tengo la costumbre de comprobar con el amigo Google si alguien se me ha adelantado y acabo de ver que  el término ´ticcionario´ ya se está usando. Lo honrado es reconocerlo.

Turistas digitales

Jueves, 21 de Mayo de 2009

En los últimos tiempos nos hemos dedicado mucho a hablar y escribir, incluso en este mismo blog, sobre los nativos digitales  y también sobre los inmigrantes digitales. Los primeros conviven desde sus más tiernos años con la densa tecnología digital que nos rodea y eso parece que puede desarrollar en su cerebro un proceso de formación de una inteligencia estructural y funcionalmente diferente a la de sus mayores, hermanos, amigos o padres, cuyos años de educación inicial transcurrieron en un entorno analógico, proceso al que llamé en agosto de 2006 noomorfosis digital. Parece evidente que desarrollan una foma de inteligencia que podríamos llamar inteligencia digital  y, a medida que crecen, contribuyen, probablemente en mayor medida que cualquier otro factor, a aumentar el grado de digitalidad mental y también de digitalidad social del conjunto de infociudadanos.

En cambio, los inmigrantes digitales son aquéllos que, habiendo vivido y operado durante una gran parte de su vida o toda ella en un espacio informacional analógico, por deseo o por necesidad entran o intentan entrar a vivir y actuar en un espacio informacional nuevo, el digital, densísimo en una tecnología que tiende a cambiarlo todo. Estas personas, después de serios esfuerzos y de experimentar dificultades e incertidumbres, van transformando poco a poco su mentalidad y su forma de inteligencia (gracias a la plasticidad cerebral) y a ese proceso de transformación para adaptarse eficazmente a las posibilidades del Nuevo Entorno Tecnosocial lo llamé en su día noometamorfosis digital.

Pero también hay numerosos ciudadanos que no están muy dispuestos a incorporar a su cabeza y a su quehacer unas capas reales de infociudadanía y cuando parece que están actuando en el sentido de mirar algo en Internet, manejar un mínimo de correo electrónico o cualquier cosa semejante, puede comprobarse objetivamente que en general suele tratarse de una actuación muy superficial, sin verdadero esfuerzo para cambiar, asemejándose al que visita una ciudad material o un territorio geográfico nuevo, no con la intención de  asentarse en él con el objetivo de ganarse el sustento, sino para recorrerlo durante unos días, contemplar unos monumentos, entrar un rato en un museo, dar unas cuantas vueltas, comer un día aquí y otro allí y luego largarse de nuevo a su tierra. Evidentemente, éstos no son inmigrantes, son simples turistas. Por supuesto, también hay los que ni tan siquieran son visitantes, simplemente permanecen encerrados en su territorio informacional de toda la vida, por lo que podrían ser calificados metafóricamente como inmovilistas analógicos.

En el día de ayer, durante el coloquio posterior a la presentación en mi Escuela del libro “La empresa en la Web 2.0″, escrito por Javier Celaya, los comentarios del autor nos llevaron a considerar el hecho de la falta de evolución de muchas empresas en este terreno, sumergidas en una línea conservadora y tradicional alejada de la auténtica innovación tecnológica, las inciertas expectativas de cambio en el uso de estas herramientas infotecnológicas y otros aspectos que sin duda podríamos relacionar con los procesos de construcción equilibrada de una sociedad moderna, a la vez analógica y digital (la famosa creación destructiva de Schumpeter). 

En coherencia con lo expuesto en este párrafo mi comentario en público lo enfoqué hacia la existencia de gentes a las que si las teníamos calificadas, por lo menos no les habíamos dado un nombre para clasificarlas y retratar su perfil en este ámbito infociudadano. No pueden ser considerados como inmigrantes digitales, son turistas digitales, que es una cosa muy distinta, y que, por desgracia para nuestros necesarios procesos de transformación socioeconómica y educativa, abundan entre nuestros dirigentes empresariales y mediáticos, en el sector del profesorado y, por supuesto, constituyen la casi totalidad de nuestra clase política.

A ver si en los próximos informes sobre el estado de la Sociedad de la Información en España nos empiezan a cuantificar el porcentaje de turistas digitales, en el sentido de personas cualificadas con un cierto grado en la escala de la digitalidad mental, tal como se explica en este “post”, y no como el turista viajero tradicional informado por medios digitales . Creo que es un dato que merecería la pena conocer, para evaluar un poco más realísticamente esta famosa Sociedad, que no se nos cae de la boca.

Infotecnocracia

Sábado, 7 de Marzo de 2009

Como escribí en el año 2000 en un ensayo dedicado a analizar la noosfera y su relación con la sociedad y la tecnología “el entorno artificial en el que viven los humanos es otra estructura de la noosfera, ya que sus elementos tangibles, siempre renovables, sean viviendas, muebles, iglesias, puentes, aviones, fábricas, redes eléctricas, carreteras, ordenadores, lentes de contacto, instrumentos musicales, sean procesos u organizaciones sociales, proceden de la aplicación del conocimiento.. En particular, el instrumental técnico, científico e industrial forma la tecnosfera, un mundo de “paquetes” de conocimiento integrado, que es algo así como una proyección material de la noosfera”. E. Morin dixit en un libro de 2001: “A comienzos del siglo XXI está claro que la tecnociencia ha devenido motora y transformadora”.

A nosotros nos interesa en particular la parte de la tecnosfera producida por la infotecnología, esto es, la infotecnosfera, cuya predominancia social se basa en que, estructurada cada día más como un denso tejido tecnológico denominado por mí la Red Universal Digital, afecta profundamente a casi todas las actividades humanas en los países desarrollados, como prueba el auge increíble de las TVIC (Tecnologías para la VIda Cotidiana).

No hay duda de que vivimos en un mundo dominado por la información, de forma que si tomamos la palabra ´dominio´ en su acepción de ´poder´o ´predominio´, podría decirse, como ya ha hecho alguien, que la sociedad de la información es en cierta forma una infocracia. Sabemos que las tecnologías de la información generan una infinidad de posibilidades en comunicación, entretenimiento, aumento de la productividad, control, confort, acceso al saber registrado y un largo etcétera, pero también implican inundación, despilfarro, superficialidad, infoxicación, desconcierto, brechas. Además, lo miremos como lo miremos, es evidente que nuestras sociedades de la información andan muy lejos de poder ser calificadas como sociedades del conocimiento, aunque por otro lado es indiscutible que toda esa infotecnología no deja de ser un enorme emporio de conocimientos transformados por un multitudinario ejército de investigadores, técnicos y especialistas en asombrosos artefactos, dotados, gracias a su complejidad interna y a su versatilidad operativa, del poder de cambiar profundamente, y no siempre para bien, bastantes segmentos de nuestras vidas y conducir muchos otros a diversas formas de alta tecnodependencia. Así que si quisiéramos acuñar un nuevo vocablo para nombrar esta situación de poder social, abstracto y no conscientemente planificado, pero real en sus efectos, que se produce al margen del régimen político vigente en cada caso concreto, creo que el término adecuado sería infotecnocracia. Es mi propuesta de hoy.

Creo que unas pocas líneas de texto tomadas del libro de Rosalind Williams Cultura y Cambio Tecnológico: el MIT, ayudarán a ilustrar aunque sólo sea una parte del significado del término ´infotecnocracia´. Esas palabras, editadas en la página 106 del libro, se refieren a algunas de las dificultades producidas en el proceso de reingeniería del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts: “…una vez que el trabajo ha sido replanteado en términos tecnológicos, la lógica del sistema tecnológico subyacente acaba modificándolo profundamente. Las reglas de la tecnología acaban gobernando todo lo demás. (…) y si no promovemos puntos de vista constructivos sobre el desarrollo técnico-social, haciendo hincapié en las posibilidades y las limitaciones de los cambios y alternativas tecnológicas, una gran parte de la gente volverá la espalda a la posibilidad de una toma de decisiones participativa, consiguiendo que las tecnologías escapen realmente a nuestro control”.

Opino que, hasta que no desarrollemos unas bases adecuadas de tecnocultura, en la sociedad de la información reinará una infotecnocracia opaca, difícil de percibir y de comprender, cuyas consecuencias indirectas no estamos preparados para prever y menos aún para controlar o atemperar basándonos en razonables fundamentos sociotécnicos y humanos tendentes a potenciar los efectos positivos y a reducir los impactos negativos y sobre todo a eliminar los patógenos. Afrontamos, intelectualmente desarmados ante tanta complejidad, sin criterios claros, la incorporación masiva a nuestras vidas y formas sociales de la infotecnología en general y de las TVIC, en particular. “La función última de la tecnocultura es ayudar a formar una mente preparada para conocer y saber gestionar las consecuencias que la aplicación de las funciones tecnológicas disponibles tiene sobre las actividades del usuario, sobre su entorno humano, socioeconómico y ambiental habituales y sobre él” (véase bloque de diapositivas adjunto).

La sociedad, representada por las fuerzas sociales, necesita aprender ciertas bases tecnoculturales, porque la adaptación entre la tecnología y los humanos no es tarea simple y no puede dejarse exclusivamente bajo ese poder infotecnocrático. En el capítulo 9 de mi libro sobre el Nuevo Entorno Tecnosocial  cito al economista y novelista José Luis Sampedro, quien, refiriéndose al colectivo humano, en su libro Las fuerzas económicas de nuestro tiempo, describe esquemáticamente esa adaptación como un proceso yin-yang, para explicar la interacción entre las fuerzas técnicas, el Yang (el motor tecnocientífico, que diría Morin), y las fuerzas sociales, el Yin, donde éstas, en definitiva, la sociedad, “hace posibles nuevas técnicas, las acoge y organiza a los hombres en relación con ellas”. Pues bien, en el caso de la infotecnosfera, nuestro Yin  no parece funcionar como debería para contribuir a alcanzar el equilibrio Yin-Yang.

Las siguientes palabras del poeta T. S. Eliot, escritas hacia 1934, “adónde se fue la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento, adonde el conocimiento que hemos perdido en la información?” me dieron la pista para escribir un ensayo titulado La sociedad informatizada: Apuntes para una patología de la técnica en el que se modelaba un circuito cognitivo cuyo punto de partida es la información, continúa en el conocimiento (si es que se sabe metabolizar la información con esfuerzo e inteligencia) y culmina su recorrido en la acción, pero raramente en la sabiduría, entendida ésta como “grado más alto en el conocimiento” o “conducta prudente en la vida o en los negocios” (D.R.A.E.), aptitud casi imposible de lograr por medio de una especialización. Como se dijo antes, el ejército de infoprofesionales y la industria han sabido recorrer ese circuito y convertir los conocimientos tecnocientíficos en acciones organizadas de producción de artefactos, sin emplear en principio circuitos que les provean de conocimientos tecnoculturales, orientados a penetrar en el territorio de la sabiduría.

Por lo demás, parece que los usuarios de infotecnología tampoco están demostrando mayoritariamente que ésta les sirva para mejorar sus conocimientos y cultura, por lo que podemos considerarlos como miembros de comunidades cada vez más infotrópicas o infotecnotrópicas, pero poco o nada nootrópicas y, por ello, un tanto infotecnocráticas. Citemos una vez más a Edgar Morin, quien, en el volumen 5 de su serie El Método, titulado La Humanidad de la Humanidad: La Identidad Humana, Ed. Cátedra, 2ª edición, 2006, escribe que “los progresos técnicos y económicos no son una garantía de progreso intelectual y ético y a menudo van unidos a un subdesarrollo psíquico y moral” (página 245). Más argumentos para pensar que la infotecnocracia no dejará fácilmente de crecer.

Para terminar, no puedo dejar de citar a Neil Postman, como ya lo hice en la página 295 de mi libro Más allá de Internet: la Red Universal Digital , no por su apellido que parece significar algo relacionado profundamente con la blogosfera, sino por sus ideas y advertencias relacionadas con el concepto expuesto en este post: “Postman, en su libro Technopoly, Vintage Books, N.Y. , 1993, nos avisa del peligro de ir hacia un tecnopolio, que ahora llamaríamos tecnopolio digitalista”". Postman define “Tecnopolio” como una sociedad que cree que “el primero, si no el único objetivo del pensamiento y del trabajo humano es la eficiencia, que el cálculo técnico es en todos los aspectos superior al juicio humano…y que los asuntos de los ciudadanos se guían y conducen mejor por expertos”. En una entrevista en enero de 1996, Postman remarcó con énfasis su solución ante el tecnopolio, consistente en proporcionar a los estudiantes una educación sobre historia, efectos sociales y enfoque psicológicos de la tecnología, de forma que pudieran llegar a adultos que “usan la tecnología en vez de ser ellos usados por ésta”.